viernes, 25 de marzo de 2011

Al final de la Pasarela: ciudadanía, Comisión y Administración.

Hacía ya algunos días que el tema de la Pasarela de Vista Alegre no ocupaba las portadas de los principales periódicos locales. Sin embargo, hoy regresa a la actualidad, convirtiéndose en el tema estrella del día.

Los que somos lectores diarios de la prensa local sabemos que las noticias relacionadas con el Patrimonio no suelen ser habituales. No vamos a engañarnos: Vilagarcía nunca se caracterizó por situar al Patrimonio como eje vertebrador de la vida social, política, económica y cultural de la ciudad. Sin embargo, hace unos meses esta situación vivió un giro de 180 grados: a raíz de la destrucción de los bancos de Ravella nacía en Vilagarcía la Comisión Cidadá pola Defensa do Patrimonio. Como arqueólogo me pareció una iniciativa apasionante, por dos razones: por un lado, nacía en la sociedad vilagarciana la conciencia patrimonial que todo arqueólogo desea; y por otro lado la defensa de los bancos de Ravella reflejaba, a nivel social, una nueva concepción de lo que representa el Patrimonio. Me explico: el Patrimonio ya no es aquello que catalogan los arqueólogos, sino que el Patrimonio es el conjunto de los bienes culturales, materiales y morales, de una comunidad dada. Es cada comunidad la que decide que bienes valorar, convirtiéndolos en Patrimonio.

La crisis de los bancos de Ravella precipitó la caída de Marcelino Abuín, a la sazón Concejal de Ordenación del Territorio. Quien haya seguido la vida política de la ciudad a lo largo de esta última legislatura sabrá que Marcelino Abuín nunca se caracterizó por no valorar el Patrimonio. Él es arqueólogo y, junto con muchos otros, a través de sus actuaciones (nos gusten más o nos gusten menos) y sus publicaciones ha sido una de las personas que más ha luchado por la recuperación de nuestro Patrimonio. En este caso concreto, el error del entonces concejal fue no escuchar a los ciudadanos. No entender el valor sentimental que para ellos tenían esos bancos. Empeñarse en derribarlos al margen de las demandas vecinales y, sobre todo, negarse a reconstruirlos. El proyecto de reforma del parque de Ravella era completamente legal. Se respetaban todos los elementos catalogados (los bancos no lo estaban). El error fue no tener en consideración las demandas vecinales.

Cerrado este capítulo, nació uno nuevo, a raíz del descubrimiento de un trozo de la antigua pasarela que unía el convento de Vista Alegre con la actual iglesia parroquial. La Comisión pide su puesta en valor mediante una ventana arqueológica. Así se produciría una recuperación social de este elemento arqueológico que, además, funcionaría como factor dinamizador del comercio de la zona. Como arqueólogo, yo también tengo opinión: es cierto que técnicamente es posible construir la citada ventana, es cierto que los hallazgos forman parte de nuestro patrimonio arqueológico y que, por ello, son importantes y no deben ser destruidos. Sin embargo, sinceramente, creo que no merece la pena. Me explico: las ventanas arqueológicas tienen serios problemas de conservaciones (la condensación es verdadero problema, aunque parezca mentira). Además, la entidad de los restos no es la suficiente para llevar a cabo este tipo de actuación. A esto debemos añadir que la simple colocación de una ventana arqueológica no implica la recuperación social de los restos que deja a la vista, ya que debido a la escasa entidad de los restos hallados se haría imprescindible una explicación de lo que allí se observa. Tampoco debemos olvidar que todos los días ya estamos observando una parte de la pasarela (el puente de Vista Alegre). Por último, estoy completamente seguro que de este tipo de actuación no tendría el mínimo impacto en la economía de la zona. No funcionaría de elemento dinamizador (al igual que no funciona como tal la ventana arqueológica de Santiago de Compostela que nos muestra, nada más y nada menos, que un buen trozo de la muralla medieval de la ciudad, y a la que nadie hace caso).

Si alguien me quiere escuchar, creo que el tema de la Pasarela se nos está yendo de las manos. La Comisión se está empeñando en recuperar este espacio, cuando la experiencia nos dice a todos los arqueólogos que este tipo de actuaciones nunca tienen futuro. Con su insistencia, corre el riesgo de autodeslegitimarse. Sin embargo, no estoy de acuerdo en hacer una enmienda a la totalidad a esta asociación porque su intención me parece correcta y necesaria. Si no me equivoco (que me lo desmienta si no la propia Comisión) esa intención es la siguiente: queremos que, por fin, en Vilagarcía el Patrimonio juegue un papel protagonista en la vida social y política de la ciudad. Y ello por dos razones: una, porque es nuestro Patrimonio y queremos disfrutarlo; y, dos, porque creemos que actuaría como elemento dinamizador de la economía de la ciudad.

Si el espíritu es ese, estoy seguro de que la Comisión contará con el apoyo necesario para llevar a cabo sus aspiraciones. Aspiraciones que se deben llevar a cabo de forma positiva. Me explico: no se trata de denunciar cada caso particular que en un momento dado ocupe los titulares de los periódicos (que también), sino de sentarse en una misma mesa agentes sociales y administración y en ese escenario explicar las propuestas. Propuestas que se resumen en una: creemos y queremos que el Patrimonio juegue un papel destacado en la vida de la ciudad. Elaboremos un plan integral de puesta en valor de los principales elementos culturales de nuestra ciudad: túmulos, petroglifos, castros, iglesias, pazos, cruceiros, etc.

Y todo ello desde el respeto y mediante el diálogo. Los insultos no conducen a ningún lugar y creo que la Comisión debería controlar su forma de expresarse a través de redes de amplio alcance social como es el Facebook. No es bueno reproducir las mismas formas del dimitido concejal que tanto se denunciaban.




Simplemente por señalar algunas ideas, ese plan integral de puesta en valor podía comenzar por la señalización, como se ha hecho en otros ayuntamientos como Cuntis o Caldas, de los principales elementos de nuestro Patrimonio; y la posterior intervención sobre aquellos más representativos, como, por ejemplo, los castros Alobre y de a Xaiba, los petroglifos de alto das Sobreiras en Xiabre (foto de la derecha), los túmulos del Pousadoiro (en la foto de arriba las vistas desde uno de ellos), etc.





También pueden dotarse de contenido cultural las rutas de senderismo que recientemente se ha inaugurado en el Monte Xiabre. El patrimonio natural siempre debe ir acompañado del patrimonio cultural. A modo de ejemplo, en el lugar donde nacen, en Pinar do Rei, al lado de la perrera municipal, hay un túmulo neolítico caído en el olvido (foto de la izquierda).

Pero esto solamente son ideas sueltas que es necesario vertebrar a través de un verdadero plan integral de gestión del patrimonio de nuestra ciudad.



Lo importante es no olvidar, como nos recuerda el arqueólogo Felipe Criado, que "la comprensión, diálogo y tolerancia intercultural son todavía posibles".